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En uno de esos maravillosos días de cielos azules, cuando el agua del lago de Atitlán tiene esas tonalidades de azules profundos, cerca de Santa Catarina Palopó, viendo pajaritos pasar, me tomaba un cafecito en el muelle de la casa de unos amigos. Curioseando con mi cámara, de pronto veo este cayuco que venía de paso rumbo a su casa, en parte de adelante llevaba unas varas de tul y el hijo del señor iba jugando con el agua.

 

Hace 10 años las plantaciones de tul eran considerables, pero debido a que la venta de artesanías elaboradas con esa planta disminuyó, los pobladores le restaron importancia, sin imaginar el daño que se le hace al afluente, pues sin su presencia los niveles de oxígeno del lago disminuyen considerablemente.

 

La organización Lake Atitlán Environmental Interests Group y un equipo de voluntarios comenzaron, en Santiago Atitlán y San Marcos La Laguna, un proyecto de repoblación de tul.

 

El tul posee cualidades que disminuyen la contaminación, pues sus raíces filtran el agua de manera natural y sirven de hábitat para otras especies. El beneficio se extiende para miles de pobladores, quienes durante años han cosechado las hojas de tul para fabricar artesanías.

 

Fotografía: @rickylopezbruni

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