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A veces muy sabio y a veces muy loco, la figura de Maximon ha confundido a los de afuera por muchos años. Esta combinación de santo/diablo es uno de los remanentes más fuertes de la filosofía original nativo en Santiago Atitlan. Aunque fueron apoyados al comienzo por la Iglesia católica, eventualmente Maximon fue persiguído y tuvieron que encontrar nuevas formas para adorarlo . Debido a su gran influencia y filosophia tan extraña la Iglesia catolica le tenia miedo. Para poder rendirle culto tuvieron que representarlo como Judas de Iscariota, el traidor de Jesus. Al pueblo de Santiago, por supuesto, representa algo mucho más complejo. La historia que sigue cuenta el punto de vista sobre Maximon de los “naturales” . (Esta historia viene de la tradición oral local y fue escrita por un Atitéco.) “Maximon” quiere decir él quién se ata con cordón o lazo. El Ri Laj Mam significa el “gran abuelo” o, en otros términos, el abuelo de todas las personas del pueblo de Santiago Atitlan. 

El pueblo maya tz’utuhil que habita el municipio de Santiago Atitlán, Sololá, celebra el encuentro con una de sus principales deidades, el Rilaj Mam (Gran Abuelo), que mantiene el sincretismo de la región desde hace siglos.

Según el Ajq’ij (contador del tiempo maya), Audelino Aq’ab’al, el Popol Wuj hace referencia al Rijlaj Mam o Maximón. “Los Formadores y Creadores hicieron al hombre, estos deliberaron y acordaron que debían aparecer los cuidadores de lo creado. Así, se creó a Saqik’oxol kaqik’oxol, a los Sisimit, a los Alux y los Mam.

De acuerdo con la tradición, al crearse los Mam también se le dio la existencia el Gran Abuelo o El Rilaj Mam, de quien se dice que fue el primer Ajq’ij”, según la cosmovisión maya.

La leyenda cuenta que el Rilaj Mam (Maximón)  les enseñó a las personas cómo llevar el tiempo y cómo se debe equilibrar en la tierra. Después se fue a la montaña, quemó su pom, hizo sus invocaciones ceremoniales, tomó miel fermentada y se desvaneció en la atemporalidad.

“En Santiago Atitlán el Rijlaj Mam es el cuidador ancestral de los tz’utuhiles. Es el Ajaw, que tiene una larga historia en defensa de la espiritualidad, de la sobrevivencia, salud y economía. Tiene el aliento en los tiempos de incertidumbre de sus habitantes”, comenta el investigador Guillermo Paz Cárcamo. Fuente: Prensa Libre.

Fotografía: @rickylopezbruni

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